Milca Chuc: cuando el cuidado se convierte en misión.
- Revista Bossia
- 26 feb
- 3 Min. de lectura

Fundadora de En Buena Compañía
Un punto de quiebre que redefinió todo
Hay momentos que marcan un antes y un después. Para Milca Chuc, ese momento llegó en 2013. Recién titulada y profundamente desorientada, atravesaba una etapa de incertidumbre personal y profesional. Fue entonces cuando, desde su fe, encontró identidad y propósito.
A partir de ahí comenzó a colaborar en proyectos de detección de deterioro cognitivo y a trabajar en centros para personas mayores. Lo que parecía una oportunidad profesional terminó revelándole una realidad más profunda: la carga silenciosa que enfrentan las cuidadoras.
“Si hubiéramos tenido la guía correcta, la historia habría sido distinta.”

El prejuicio que tuvo que romperse
Antes de dedicarse profesionalmente al trabajo con personas mayores, Milca cargaba creencias negativas que nunca había cuestionado del todo. En gran parte estaban influenciadas por la experiencia familiar: la relación entre su abuela paterna y su mamá, quien la cuidó durante 17 años en condiciones emocionalmente complejas.
Poco antes de terminar la universidad, además, atravesaba una crisis personal. No tenía claridad sobre su identidad ni sobre el rumbo que debía tomar. Dudaba si su carrera realmente serviría para algo. Solo sabía que quería ayudar a las personas, pero no sabía cómo ni desde dónde. No encontraba su lugar.
En medio de esa confusión surgió la oportunidad de trabajar en un proyecto con personas mayores. La rechazó en un inicio. Sus propios prejuicios le impedían verlo como una posibilidad real. Aceptó después, no tanto por convicción, sino porque le aseguraron que era un campo con futuro y crecimiento económico ante el envejecimiento poblacional.
Su decisión fue más estratégica que vocacional.
Comenzó a formarse y trabajar en el área mientras internamente seguía sintiéndose perdida. Aunque desempeñaba su labor con profesionalismo, su mirada aún estaba atravesada por estereotipos. Su atención no era completamente compasiva ni objetiva.
Y entonces ocurrió el quiebre. Desde su fe, Milca describe ese momento como un encuentro transformador con Cristo. No fue solo un cambio espiritual; fue un cambio de perspectiva. Recibió una identidad más clara, un propósito definido y una nueva forma de mirar a las personas mayores y a sus familias.
Comprendió que su falta de compasión también necesitaba ser confrontada. Entendió que no era casualidad estar trabajando con esa población. Y asumió que su propósito incluía reflejar amor, dignidad y compasión en un espacio donde muchas veces predominan el cansancio y la invisibilidad. Su manera de trabajar cambió.Y quienes la rodeaban lo notaron. Pero hubo algo más profundo que se hizo evidente con el tiempo.
Mientras la atención estaba centrada en los pacientes, casi nadie miraba a las cuidadoras. Pocas personas preguntaban cómo estaban, si tenían herramientas suficientes o si estaban emocionalmente sostenidas.
Entonces recordó a su madre. Nadie le preguntó cómo se sentía. Nadie la acompañó. Nadie la capacitó. Ahí entendió que el problema no era solo clínico. Era humano.
Así nació En Buena Compañía, un proyecto dedicado a ofrecer acompañamiento, herramientas prácticas y contención emocional a familias que cuidan personas mayores.
No nació solo como un servicio. Nació como respuesta.
Aprender a pedir ayuda también es liderazgo
Uno de los procesos más transformadores no fue externo, fue interno. Milca tuvo que reconciliarse con la idea de que necesitaba asesoría y acompañamiento empresarial.
Hoy cuenta con el apoyo formal de expertos en empresa que la orientan en áreas administrativas, financieras y organizacionales. Se reúnen periódicamente para revisar fortalezas y áreas de oportunidad.
Escuchar, ajustar y no aferrarse a sus propias ideas ha sido clave para que En Buena Compañía crezca con estructura y visión.
La fuerza que no sabía que tenía
En el camino descubrió habilidades que no sabía que poseía: la capacidad de contener emocionalmente a las familias mientras sostiene conversaciones difíciles, cerrar ventas con sensibilidad y diseñar soluciones personalizadas donde todos ganen.
Reconoce que el miedo aparece en momentos puntuales, pero ya no la paraliza. Desde su cosmovisión cristiana reformada, sostiene que nada ocurre fuera del propósito de Dios. Esa convicción no la vuelve pasiva; la impulsa a actuar con responsabilidad y excelencia.
“Emprender no es para todas. Vivir con propósito, sí.”

El impacto invisible que quiere dejar
Más que posicionar un negocio, Milca desea dignificar el rol de las cuidadoras. Que sepan que no están solas. Que existen estrategias, acompañamiento y comunidad.
Su mensaje para otras mujeres es claro: definir con honestidad quiénes somos, qué creemos y hacia dónde queremos dirigir nuestra vida profesional es la base de todo proyecto sólido. Es un trabajo mental exigente, pero trae claridad y paz.
Y para quienes comparten su convicción, cierra con una frase que resume su historia y su misión:
Soli Deo Gloria.
Sobre En Buena Compañia.
Servicios de psicología para cuidadoras y familiares de personas mayores.
Mérida, Yuc.
Encuéntrala en: @familias.en.buena.compania
Me parece excelente la franqueza y valentía con el que expresa su contenido el artículo. Poco a poco he ido conociendo a Milca y su trabajo es loable y perfectible a la vez. Dios la bendiga siempre!!