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El poder de detenerse

La sociedad del rendimiento genera depresivos y fracasados.

Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio.



El liderazgo femenino nos ha enseñado que no siempre se trata de avanzar a toda prisa. También implica hacerlo con conciencia, sensibilidad y un propósito claro. Sin embargo, en una época que valora la productividad y penaliza la lentitud, detenerse parece ser un lujo. 


Como señala Byung-Chul Han en su libro La sociedad del cansancio, vivimos en un mundo donde el “puedo con todo” se ha convertido en un mandato, y el agotamiento se disfraza de éxito. Corremos detrás de la perfección. Queremos que todo funcione bajo nuestro control y que nada se nos escape. 


Nos ocupamos de todo, menos de nosotras mismas. De nuestras metas, nuestros equipos, nuestros seres queridos, pero rara vez de nuestro propio bienestar. Postergamos nuestras necesidades, como si descansar fuera un privilegio en lugar de una necesidad. No dormimos lo suficiente, no comemos con tranquilidad, no hacemos pausas. Creemos que podemos con todo, y en esa ilusión de fortaleza, a menudo nos desgastamos en silencio. 


Pero liderar no significa correr más rápido que las y los demás, sino mantener un ritmo que nos permita seguir siendo quienes somos. Por eso, las mujeres que lideramos debemos reconciliarnos con los ciclos, honrando el descanso como una parte esencial del crecimiento. 


El otoño-invierno nos recuerda esta sabiduría ancestral. La naturaleza no se rinde cuando las hojas caen ni cuando el paisaje cambia de color. Simplemente cambian de forma, se repliegan y se preparan. El árbol que suelta no pierde, se fortalece desde sus raíces. 


Así también el liderazgo necesita sus estaciones de calma: momentos para detenerse, observar lo logrado, agradecer los avances y decidir hacia dónde redirigir el rumbo. El liderazgo femenino, con su perspectiva cíclica y empática, puede enseñarnos que el descanso no es un paréntesis en la productividad, sino una parte vital de ella. Que la pausa no debilita, sino que agudiza la intuición y nos permite recuperar fuerzas. Que tomarse un tiempo para pensar, sentir o simplemente respirar puede ser el acto más estratégico del día. En los espacios de reflexión, calma y silencio, ya sean personales o compartidos, se revela lo esencial, las decisiones importantes que se toman con estrategia y corazón.


Recuerda: el liderazgo no solo se mide en resultados, se mide en la capacidad de sostenerse. Date permiso de detenerte, cuando reduces la velocidad y miras con calma, das espacio a la percepción, la intuición y el análisis. Ese tiempo de pausa es inversión estratégica: te permite valorar lo logrado, ajustar el rumbo y tomar decisiones con mayor claridad y menos reacción. No es indulgencia: es la base de un liderazgo sostenible.


Así que te invito a que antes de que termine este 2025, bajes la velocidad, celebres el camino recorrido y analices desde la calma qué es lo que quieres construir para el 2026


Te leo por aquí y te espero en mis redes sociales.



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